Ayer la noche me sorprendió antes de las seis de la tarde. Hoy, la mañana me recibió con un viento de esos que te empujan de vuelta a casa. Pero nada de eso me importó. Decidí probarle a los pocos que iba a encontrar en la calle, que yo estoy comprometido con correr, sin importar la circunstancias. Como sospechaba, no encontré a quien presumirle mi disciplina y entre hojas secas que se levantaban como queriendo regresar a los arboles y bajo un sol amodorrado que no calentaba, me devoré 6 kilómetros en 34 minutos, incluyendo una parada para comprar desayuno para llevar a casa.
Hoy no pensé mucho. Me gustó no pensar y dejar las ideas para más tarde. Hoy quise ser yo y ser mejor que todos. Nadie se enteró, pero no importa. Competi con mis sombras y las batí.
6,400 en 34 minutos con 5 grados centigrados. Me senti bien, pero falto el aire al final.
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